Los trabajadores en los hospitales, tiendas de comestibles, almacenes, sitios de construcción, el sistema de tránsito y en otros sectores han sido designados esenciales, y con razón. Pero ante nuestros ojos se va descubriendo una historia de dos ciudades: los privilegiados se refugian en su propio lugar, mientras que otros se lo arriesgan todo para poder proveer cuidado de salud, comestibles, vivienda e infraestructura.

Las condiciones injustas de trabajo han exisitido desde hace mucho, pero el coronavirus ha traido a primer plano las dificultades de los trabajadores no sindicalizados quienes se encuentran vulnerables a riesgos, heridas y la muerte.

Como sociedad, tenemos que plantear la pregunta, ¿qué es lo que debemos a esos trabajadores?

Como mínimo, deben tener la garantía de sueldos justos y la mejor protección de primera calidad.

Nadie debe tener que arriesgarse la vida para ganar un sueldo, y nadie debe verse obligado a permanecer en silencio mientras observa que sus compañeros de trabajo estén expuestos a peligros letales.

La situación es muy diferente en los lugares de trabajo donde los empleados gozan de la representación de un sindicato. Los trabajadores sindicalizados pueden beneficiarse del poder de la negociación colectiva para así exigir la seguridad y otras mejoras que están ausentes en los lugares de trabajo no sindicalizados.

Efectivamente, cuando a los jefes se les exige legalmente negociar en buena fe, los trabajadores logran hacerse oír. Debe ser fundamental ayudar a que más trabajadores se conviertan en miembros de los sindicatos en el plan de Nueva York de volver a construir nuestra economía después de que se disipe el coronavirus.

Primero hay que pensar en la cobertura médica. Todos hemos aprendido una dura lección en las últimas semanas: una sociedad llena de enfermos es peligrosa para todos.

Sin embargo, para los aproximadamente 20 millones de trabajadores que podrán ser despedidos o dados licencia temporal a través del país al llegar julio, un número muy limitado de ellos va a poder mantener el seguro de salud proporcionado por el empleador.

Aunque no es una solución perfecta, los sindicatos por el estado de Nueva York han logrado suavizar este golpe al negociar extensiones del seguro de salud para los miembros despedidos.

En mi propio sindicato, Laborers Local 79, nuestro seguro médico está diseñado para proporcionar cobertura continua. Los beneficios se asignan basado en el número de horas trabajado por el miembro a través del año anterior completo; lo que ocurrió la semana pasada o el mes pasado no pondrá en peligro la cobertura de cuidado de salud actual del trabajador.

También cabe señalar que, en el caso de los trabajadores de construcción representados por mi sindicato, proveemos el acceso a ayuda en efectivo en casos de emergencia en cantidades hasta $10,000 proveniente de nuestro Fondo de Anualidades. Este es el nivel actual de estímulo y apoyo económico que necesitan los trabajadores hoy día.

Y hay que pensar en la situación muy diferente con que se encaran los trabajadores más vulnerables de nuestra economía: los que no tienen documentación.

No son elegibles por ninguna ayuda ofrecida por el Congreso, y son reacios hasta a aceptar un seguro médico del estado por el miedo de ser considerados una “carga pública” que a fin de cuentas lleva a que se les niegue alguna forma de estatus legalizado. Se ven obligados a trabajar en lugares peligrosos porque la alternativa es pasar hambre y quedarse sin casa.

Todos los niveles del gobierno deben facilitar que los trabajadores se organicen y se inscriban en los sindicatos, especialmente los trabajadores que han servido en primera línea de esta pandemia.

Históricamente, la negociación colectiva ha mejorado notablemente los sueldos, beneficios y otros aspectos fundamentales de la calidad de trabajo para millones de trabajadores a través de los distintos sectores.

Ciertamente, la representación sindical y la organización de los trabajadores construyó la clase media de este país.

Sin embargo, en décadas más recientes, la reducción de membresía sindical ha debilitado el poder de los trabajadores. Mirando hacia el futuro de Nueva York, no podemos mejorar las vidas y los trabajos sin organizar más trabajadores en sindicatos laborales. Es así de sencillo.

Cuando los trabajadores organizados presentan sus demandas y necesidades con una voz poderosa y unida, los jefes y gerentes sienten la presión de escuchar y actuar.

En última instancia, la expansión de la negociación colectiva a más sectores y lugares de trabajo ayudará a elevar el nivel de cómo se trata a todo empleado.

Este artículo de opinión de Mike Prohaska fue publicado originalmente en el periódico New York Daily News el 20 de abril de 2020.
Prohaska es el gerente comercial del sindicato local Construcion and General Building Laborers’ Local 79.